3/12/08

Privilegios Vacios

Por MANOLO:

Son los 18 años que me alumbran, la radiante juventud y tiempo están a mi favor.

Mi delgado y cuidado físico sumado a mi temprana edad atraen como moscas a un sin número de hombres, pero a mi me atraen los mayores. Ya que son algo más atractivos en todo sentido, como monetariamente, si, me encanta que gasten en mí y porque son más centrados, cultos, calmos, seguros, tienen calle, mundo o tienen el mundo a sus pies.

Es así como conocí a Anselmo, el apellido me lo reservo como él su edad, decía tener 38 pero su DNI decía 50 años, si todo un pícaro el soberbio anciano.

El día que lo conocí me recogió en su imponente 4x4, no hay duda que un buen carro ayuda a verse como el hombre más rico sobre la tierra, no es que él sea feo pero mis hormonas no destilan deseo por tan sólo verlo.

En realidad es un hombre que trabaja duro, degusta de buenas comidas, peor con su buen diente y con la comida peruana no son aliados para delinear su figura pero si pronunciar la sobresaliente curva de su cintura, y con el stress encima no es alguien que tenga la apariencia de haberse cuidado o conocer la palabra gimnasio, y es que por mucha ascendencia europea que tenga, el tiempo no ha sido tan benevolente con su facha, sólo su cuenta bancaria lo ha embellecido con los años.

Recuerdo que me recogió de algún punto de Miraflores para luego ir a su departamento en el mismo distrito, aparte de haberme ido a ver a la universidad, nadie supondría que él sería un cierto amante, aunque la verdad como amante era buen amigo. Se cuidaba mucho y no le gustaba hacerlo más de una vez, no sé si por la edad o porque no tenía frecuente sexo, pero el cuerpo no le daba y eso era algo que me jodía como su mala forma de besar.

Italiano de origen vivió desde pequeño acá, tiene una pésima memoria para recordar ciertas cosas como, luego de tres meses de volver a vernos, preguntarme por la fecha de mi cumpleaños cuando él me llamó ése día para saludarme y no no se acuerda de ello.

Es abogado y estaba metido en bienes raíces, se cagaba en plata pero no era tan fácil, a veces me quedaba aburrido viendo tele en su alfombrada habitación mientras él discutía largo rato por teléfono con no sé quién por temas laborales, y cuando terminaba era soplarme todo el rollo de lo mal que algunos hacían las gestiones como si yo entendiera o pudiera solucionar el problema.

Lo que siempre me llamó la atención fue su estilo de vida, viajaba mucho pero no tanto por placer. Tenía varias souvenirs del mundo que decoraban, como tienda de cosas caras, su departamento en lo alto de 8avo piso un edificio con una hermosa vista al mar; grandes espejos, un comedor medio rococó, un cuarto de huéspedes, y su habitación con un inmenso televisor, daba la impresión de estar en el cine, con su cama matrimonial pensaba para esas noches en que alguien se quedara a dormir con él.

A veces tirábamos con la ventaba abierta, claro que nadie nos vería pero igual me sentía un poco actor porno demostrando al mundo mis habilidades para saciar las ansias de un hombre maduro.

Sentía que él lo tenía todo, pero le costaba. Su departamento era hermoso, demostraba que conocía el mundo y que había recolectado una parte de el pero no era suficiente, igual se sentía vacío, mucho departamento para él solo.

Salí varias veces con él pero lo veía poco cada mes o 3 meses, no era algo que me interesase mucho, pero me gustaba verme ahí y sentir que algún día tendría algo así, si, más que gustarme él me gustaba lo que tenía.

Ahora sólo me contento con admirarlo desde abajo, desde la banca de una parque recordando que alguna vez estuve ahí.

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