18/08/08

Noche de lentejuelas

Por MATHIAS:

La calle, sobre todo la plaza, conforma el escenario; la noche enmarca la escenografía; su cuerpo, la herramienta de trabajo, bueno... en realidad su voz, con la boca y el resto del cuerpo también labora, pero eso es eventual.

Es una diva, pero no llega en limosina, ésta vez es un tico blanco el que usa de camerino móvil para trasformarse en la glamorosa artista que pretende ser cada noche de los fines de semana.

Hace algo de frío, por eso que sale con un buzo y sobre el hombro un maletín donde lleva las cosas necesarias para entrar en el personaje, que se convierte, por las horas que sean necesarias.

Sube al taxi con la cara limpia, como lienzo por estrenar, pero que al llegar a su destino su rostro estará pintado de tonos sensuales, adornado con interminables pestañas, gruesos labios color escarlata bien delineados, y pómulos metalizados gracias a la escarcha del maquillaje.

Mientras el carro sigue su curso, ella también lo hace, y ahora se quita la capucha liberando su cabello que mueve con energía para ganar volumen.

Debajo de su buzo lleva el vestido, se abre la casaca y luego se quita el pantalón para poder bajar el resto del largo y entallado vestido color perla, el cual hace juego con su rostro.

Para terminar saca del maletín los tacos aguja de rigor, que culminan la trasformación.

El taxi llega a una antigua calle de Lima, por la Plaza San Martín. El trayecto dura media hora, suficiente para que esté lista. Ahora una gabardina cubre su atuendo para no llamar tanto la atención, paga y se baja del auto, el taxista no dice nada sólo la mira por el espejo retrovisor y sigue su camino, debe estar acostumbrado a ver todo tipo de situaciones.

A todo ésto no la he presentado, se hace llamar: Sara Gonzáles, de ahí viene que le digan “Saragoza” y por ende de cariño, o por joder, le dicen “La Española”; no sólo por el apodo en sí, sino que su fisonomía: blanca, espigada, alta y de rasgos sutiles, ayuda a que la llamen así.

Tiene un delicado semblante como la imagen de la virgen María, suaves facciones como ángel de renacimiento, pálida piel como el invierno y alto porte como modelo de pasarela, pero con una gran manzana de Adán y espalda de nadador que la hacen única a Saragoza.

Ya es casi la hora de empezar el show. La pista lista y ella casi; la anuncian, se detiene la música de la discoteca y el presentador suelta su nombre, el telón retrocede para mostrarla, ella de espaldas revela su escote, su frondoso y ondeado cabello castaño cortado en capas que bordea su cintura mientras ella nerviosa y emocionada sujeta el micrófono.

La gente la ovaciona, aumentan la algarabía y la expectación; la conocen, la quieren, vibran por ella. De pronto un piano da la nota a lo que ella empieza a cantar mientras gira para ver a su público, ése que coreará todas las letras de las canciones que duré el show.

"Tú me hiciste sentir que no valí ­aY mis lágrimas cayeron a tus piesMe miraba en
el espejo y no me hallaba..."






Esas canciones no son elegidas al azar, su letra refleja su pasado. Su familia ha rechazado su conducta, lo que ella quiere ser o es, por eso que de día es Sandro ********* (por motivos de seguridad para mi fuente no puede revelar toda su identidad) que trabaja como carnicero en un mercado de su distrito, sin que nadie sospeche que de noche es Sara Gonzáles la artista bajo las luces de la marquesina.

Digo "ella" porque así se siente, más un "ella" que un "él", aunque la naturaleza le recuerde que no es así.

Ella escogió esa canción porque siente que también pudo haberla escrito, su familia le mostró que eso era posible. Aunque si un día uno se topase con él, no sospecharía que sea Sara, esa mujer delicada y elegante, no, verían a Sandro un delgado chico con rasgos suaves que con sus fuertes manos despacha en silencio y rapidito lo que el cliente le pida; corta pollo, carne y todo lo pueda.

Ella empezó a hacer esto a mediado de los 18 años, con su metro ochenta de altura y su porte de nadador olímpico salió del closet pero su familia lo volvió a meter antes que la gente del barrio lo descubra.

Lo que cuenta es triste y no le agrada recordar, se toma su tiempo y hace pausas para detallar lo acontecido mientras intenta no sentir de nuevo la rabia, dolor y frustración que alguna vez pasó, evitando que los ojos se le humedezcan por revivir esos rancios recuerdos.

Se enamoró mil veces y en todas les fue mal, por distintos motivos, los que incentivaron a sentirse más sola que acompañada, lo que conllevó a pensar en quitarse la vida como única salida.

Sin apoyo familiar, ni afectivo, era lo único que pensaba hasta que un día se topó con lo que la llevó a ser quien es ahora.

Ella no terminó el colegio, ahí la molestaban pero no le incomodaba, al contrario estaba decida a decirlo a los 4 vientos.

Un día en el cuarto de su madre se vistió y pintó, como toda una señorita, con las cosas de ésta, ya que pensaba que aún no había llegado a la casa, pero la sorpresa de ambas se reflejaría en sus caras de ese nefasto día, que nunca olvidarán, que sin esperarlo una se topó con la otra.

Ninguna sabía que hacer, fue como ver la película Matrix, todo en cámara lenta y ésta girando alrededor de ellas.

Su madre rompió la inercia y rápidamente atinó a lanzarle “ajos y cebollas” mientras le pega de eufóricamente.

El alboroto llamó la atención de los hermanos que al acto entraron para impactarse y separarlos.

- "En ésta casa no acepto mariconadas carajo!, yo no me mato trabajando para que tu vengas con tus cochinadas, no quiero verte! Lárgate!" le dijo tajantemente su madre.

Sara hecha un caos, con mil emociones encontradas, estaba tirada en el piso, con el maquillaje corrido por las lágrimas, con ropa jalada, inmovilizada por la gran vergüenza, pánico, y con el dolor de esas palabras de rechazo que jamás olvidará.

Su madre le da la espalda y sus hermanos entendieron la situación. Guillermo, el segundo después de Sara, encolerizado arremete contra ella y le jala de los pelos, la patea, escupe e insulta:

- "Cabro concha-tu-madre! No vas a venir con tus mariconadas, concha-tu-madre!
Que mierda te pasa?, te voy a sacar la mariconada a punta de patadas."

Marlene, la tercera, que sigue después de Guillermo, reacciona, empuja a Guillermo y logra separarlos, su cuerpo se pone de escudo para proteger a su hermana y la cubre para que Guillermo no le pegue más.

- "Ya carajo Guillermo ya le pegaste, ya lárgate… Cálmate carajo, los vecinos te van a escuchar. Ya huevon cállate", dijo Marlene.

A punta de empujones, Marlene, intenta que no pueda golpearla. Dentro de todo ese alboroto llega Henry, el último hermano de 6 años, que no entiende bien la situación sólo ve a Guillermo pegarles a sus hermanos por lo que intenta defenderlos mientras llora pidiendo que no les pegue más.

Marlene al ver eso dijo: "Guillermo llévate a Henry y a mi mamá de acá. Por favor te lo estoy pidiendo por Favor, y deja de hacer escándalo carajo, ya fue...
Ya que esperan salgan de acá... "

Su madre, aún sin verle a la cara, sale de la habitación, luego Guillermo se lleva a Henry.

Todo termina y sólo se escucha el llanto desconsolado de Sara, que no puede parar, su hermana no entiende bien el porque, pero tampoco no le gusta lo que pasó, al menos entiende que es su hermano y que debía defenderlo.

Luego de ésa noche, Sara comprendió que lo que afloraba en él tenía que esconderse, porque no era aceptado socialmente, ni dentro de su familia, ser quién él quería ser. Porque él sólo quería ser él mismo, o mejor dicho ella, y toda esta situación de ocultamiento implicó que sutilmente empiece su alma a marchitarse interiormente.

Así fue que dejó de estudiar y consiguió empleo de carnicero. Él cocinaba en la casa por ser el mayor, no conoció a su padre porque éste los abandonó, y su madre trabajaba todo el día.

Cortar, pelar y descuartizar pollos y carne fue su oficio, lo hizo bien y trajo dinero a casa, la única razón por la que se le permitió quedar, los tiempos no eran buenos y un ingreso extra no se debía despreciar.

El hecho de trabajar le dio libertad económica e independencia, nunca asumió el rol de jefe de la casa, a pesar de ser él quién traía más dinero y que era el hombre mayor, nunca sintió que debiese comportarse de esa forma.

Su vida era lo mismo, trabajar casi todo el día, preparar la comida, ayudar en la casa. Era todo una rutina sumada de la nula comunicación con su familia y a la atmósfera de distancia que él sentía con ellos aunque estén sentados en la misma mesa, fue lo que lo llevó un día a querer terminar consigo mismo.

Una noche fue a una discoteca ambientosa de la gris Lima, los nervios, ansias y miedo no cabían en su pecho; pagó su entrada, y al abrirse la puerta de ingreso la música a todo volumen le dio la bienvenida.

Era otro mundo, todos hombres, todos reunidos divirtiéndose en grupos, en parejas, solos, todos bajo las multicolores luces y las melodías pegajosas.

Con la sorpresa de un niño en la cara, dio un vistazo de 360 grados a la discoteca, pidió una chela helada, mientras veía como se desenvolvía la gente en el lugar; miradas iban y venían, luego, tragos cortos y más alcohol para sentirse seguro, para darse valor, la consigna no era emborracharse pero en eso iba.

Pasado de copas la embriaguez le empañó los sentidos, con la cabeza ligera y en confianza a conquistar se dijo. Algunos lo veían con risa, otros con una barrida de ojos y otros ni se daban cuenta que estaba ahí.

Ésa no era su noche, en el lugar donde pensaba encontrar algo, sólo encontró lo que ya tenía, soledad, desprecio y burla, lo que hizo que se sintiese peor de lo que ya estaba.

Cansado y choteado, se fue del lugar bien mareado, ya alejándose una cuadra del local el aire traicionero hizo que pierda el control por completo sobre sus sentidos, y que caiga al piso, a lo que luego de intentos fallidos por levantarse finalizó con aceptar que no podía, acompañado por llanto, un lamento, que concentraba todo lo malo que le había ocurrido.

Un par de "chicas" de la discoteca salieron y lo vieron ebrio, desdichado en esa humillante situación, lo reconocieron de la disco y su carita llena de lágrimas las conmovió de tal modo que decidieron ayudarlo, entre las dos lo levantaron y llevaron en un taxi a su departamento.

Lucy y Marita, se hacían llamar, claro en realidad eran Luis y Mario, pero ciertas noches optaban por ser lo que querían ser.

Sandro (en ese entonces aún no era Sara) al levantarse aprendió lo que es tener resaca, y luego de intentar acordarse de lo que sucedió, se dio cuenta que ése no era su mueble, menos su casa.

De pronto vio salir a un pata de la cocina sosteniendo una taza con la que se sentó a la mesa:

- "Ay! mi amor que tranca te has dado, de padre, madre y señor mío, que pasó mal de amores? si un hombre te dice no, la botella te dice si?."

Aún con su cabeza dando vueltas y los ojos medios abiertos, escuchaba lo que decía, cuando escuchó otra voz supuestamente masculina decir:

- "Ay! Lucy déjalo, el pobre ha tenido una mala noche, si quiere que jatee un tok más, total, hoy no trabajamos."

Y con eso era suficiente para Sandro intente saber que sucedió.

De la cocina sale otro personaje sosteniendo una taza y se sienta también a la mesa.

- "Uy mi amor tienes una cara, y un tufo a los mil demonios. Me llamo Marita y ella es Lucy, nosotras te recogimos del piso donde te caíste borracho ayer, te reconocimos porque eras el único más ebrio en la discoteca, bailabas solo intentado llamar la atención. Ay pero reina que mal acabaste. En fin, ahora estas en buenas manos."

Sandro se sienta e intenta incorporarse, pone los codos sobre sus piernas y con las manos sostiene su adolorida cabeza pretende recordar lo que pasó, sobre todo ése eslabón entre la disco y la casa de ellas.

- "Bueno dinos al menos tu nombre para conocerte, no? Mmm… Ingrid? Valeria? Ximena? Rosio? Madonna?". Dijo Lucy.

Sandro las mira con sus ojos rojos y llenos de resaca, desconcertado, luego baja su cabeza.

- "No ves encima es mal agradecida la cabra esta, ni un , 'gracias' ni nada dice."
- "Ay! Lucy déjalo, que todo ha sido muy fuerte para él, no tiene cara de ser una puta emborracha, no ves que está asustado? Bueno cariño no te preocupes, tomate tu tiempo. ¿Tienes hambre, sed de repente? ...no sé....¿quieres comer algo?. Bueno tienes una cara de tener una resaca horrible."

Con esfuerzo se pone de pie acompañado por el malestar, pero al menos se siente en confianza y las acompaña a la mesa, total, que más da.

- "Que pasó?, no me acuerdo nada." Dijo Sandro.

- "Bueno te cuento, fuiste a la disco, te emborrachaste, segurito que mezclaste tragos, y luego te quitaste y a la cuadra caíste como saco de papas empezaste a llorar plañidera y el ángel de tu guarda hizo que nosotras pasáramos por ahí y nos diste pena y te recogimos, te metimos al taxi y te trajimos a nuestra humilde y rosada morada, te dejamos dormir en el sillón que gracias a dios no manchaste ni vomitaste y ni hiciste escándalo, Fin. Y nada ahora estas sano y salvo." Le dijo Marita

Sandro pone los codos en la mesa con las manos en la adolorida frente, sosteniendo su triste vida.

- "Bueno no te preocupes, todos hemos tenido días malos y buenos."
- "Quién fue el hijo de puta te dejó por otro? O, algo peor? A veces es mejor contar los problemas que guardarlos adentro con nosotros."

Sandro les cuenta más o menos toda su vida, o lo que ha tenido hasta ahora, ahora ellas entienden que fue lo que produjo ése tipo de comportamiento anoche.

- "Nosotras nos dedicamos a lo que es cuidado personal, Martia se dedica a lo que es peluquería y yo de maquillaje."

- "Si, no te sorprendas, somos peluqueras de barrio, pero somos las mejores, seremos humildes pero muy sexys, no por las puras trabajamos para podemos dar nuestros lujos, porque antes muertas que sencillas."

- "Nosotras también tuvimos el mismo trato de nuestra familia, claro que tuvimos que irnos, cada una tiene una historia similar, pero bueno míranos aquí."

- "Lo bueno de todo esto que ahora somos tres y podemos ser los ángeles de Charlie! Tu serás la alta porque eres alta."

Así fue que Sandro encontró lo que menos pensaba, a él o ella misma y amigas que sobre todo la comprendían y querían.

Esa noche la vistieron, peinaron y maquillaron. Ellas mismas se sorprendieron lo femenino y bien que se veía, sino fuera por la espalda o ciertas cosas masculinas, ella podría pasar fácilmente por mujer.

Ésa noche Sandro murió para dar paso a Sara su alter ego, su verdadero yo, su real, Yo.

- "Ay! carajo! ésta si pasa por mujer, si pasa! Si pasa! Ay! Maldita! Te odio! Que Reeeeeeegia te ves!"

- "Ay es nuestro mejor trabajo!". Dijo Marita

Sandro se vio por primera vez en años de nuevo al espejo, convertida en lo que es, se acercó con miedo y se contempló, sus ojos emocionados soltaron una lágrima que encerraba muchos significados.

- "Ay!verdad, y ahora como te bautizamos… ay pues si te llamas Sandro te diremos Sandra? No no me gusta, muy chusco, mmm tu que dices, Lucy?"

- "Que tal Sara…Sara Gonzáles. No me pongas esa cara, es porque así me apellido yo, y que ella es como mi hermana así que somos familia! Y punto!"

La luna llegó con noche, y con el taxi llegaron ellas a la disco. Entraron, se divirtieron sin tragos de más como unas reinas, su alegría era tal que brillaban de por sí mismas.

La hora del show empezó y salió una gorda con una peluca enorme, hijo de un fallecido conductor de tv haciendo la parodia de Rafaela Carra.

Sara la vio hipnotizada, con los ojos abiertos y redondos como platos pegados al escenario y la boca abierta, fue como ver lo mejor del mundo para ella.

- "Yo puedo hacerlo mejor." Dijo Sara. "Además yo puedo cantar en vivo."

- "Ah si? Demuéstralo. Súbete ahí y pruébalo."

Marita conocía al administrador del lugar y habló con él para que Sara probase suerte, él aceptó y la oportunidad de hacerse famosa se vuelve realidad.

De pronto la anuncian, ella no lo puede creer, se da cuenta que es real y se arrepiente a último minuto, mientras corre la cortina del escenario Sara corre junto a ella para esconderse detrás y salir del escenario que quedó vacío.

El sonidista no se dio cuenta y soltó la música, varias notas del piano inician la canción y nadie al frente quien las anime.

Sara aterrada intenta fugar pero sus amigas la detuvieron y de un empujón la devolvieron al escenario, ella de espaldas con la cara pálida, aunque disimulada por el maquillaje, se petrifica ante los miles de ojos que se concentran en ella.
Sara se la sabia de memoria y era su momento era ahora o nunca, se voltea y cobra vida, se despoja de todo miedo, o nervio, o pasado y se entrega toda!

"First I was afraid,
I was petrified
Kept thinking I could never livewithout you by my side
But I spent so many nights thinking how you did me wrong
I grew strong I learned how to carry on and so you're back..."



Sensual en sus movimientos, fuerte sin dejar de ser femenina, interpretó la canción de tal forma que impactó a todos, hasta así misma, la gente emocionada se divertía, sentían que ella era la verdadera artista, que era un ángel etéreo, que no era real, Sara interactuaba con el público, y ellos la querían, deseaban e idolatraban.

Al final la gente quería más, el asedio se impuso de inmediato, todo el mundo la veía con ojos celestiales, ella con un aire tímido intentaba procesar lo que acababa de ocurrir.

Al final las palmas y alabanzas invadieron la discoteca, los aplausos eran unánimes, y ella renació, estaba feliz, estaba contenta, estaba viva.

Desde entonces hace shows en varias discotecas, es ahora todo un personaje, todo el mundo la quiere y trata con cariño.

Pero ella sabe que eso es efímero y que no será joven y bella toda la vida.

Mientras tanto termina su show, baja del escenario, toma su taxi y realiza la transformación a la inversa, ya no es una diosa, vuelve a su resignada realidad mientras que mira como la ciudad se alista para amanecer, y por unas horas deja el glamour de los fines de semana para ser sólo Sandro, el carnicero del mercado.

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